Usuarios, consumidores y eficiencia de la cadena logística

Desde la ola de consolidaciones de las grandes alianzas navieras en abril de 2017, las expectativas apuntaban a una mayor eficiencia en la cadena logística, ya que la unión de operaciones prometía economías de escala que repercutirían en toda la industria. Sin embargo, a un año y medio desde la puesta en marcha de este nuevo modelo de negocios de transporte de contenedores, el Foro Internacional de Transportes –ITF, por sus siglas en inglés- analiza el impacto que estas agrupaciones de armadores han tenido en el sistema de transportes.
El estudio “The Impact of Alliances in Container Shipping”, al cual Mundo Marítimo tuvo acceso de manera exclusiva, habla de tres grandes áreas impactadas por las alianzas: el sistema de transportes global; los stakeholders; y las políticas.
Influencia negativa
“En primera instancia, los impactos de las alianzas navieras parecen ser predominantemente negativos”, lee el documento. La alta concentración de redes portuarias y la baja utilización de infraestructura pública, en combinación con otros factores son algunos de los efectos de las mega-alianzas y el comportamiento de autoridades portuarias. Dentro de los puertos, el poder adquisitivo de las alianzas puede crear competencia destructiva entre operadores de terminales y otros proveedores de servicios portuarios tales como compañías remolcadoras.
Las economías de escala han permitido a pequeños actores acceder a grandes naves que, de otro modo, no habría podido obtener. Sin embargo, son las propias mega-embarcaciones las responsables de la sobrecapacidad que afecta a la cadena logística completa, incluyendo el desafío de infraestructura portuaria y la inestabilidad de las tarifas de fletes.
Junto con los barcos de grandes dimensiones, las alianzas propician la competencia entre ellas mismas y, al mismo tiempo, van generando menos diferenciación entre sus servicios, entregando menor variedad desde donde elegir a los dueños de la carga.
Stakeholders y políticas
Por el lado de las regulaciones, las alianzas generan altas barreras de entrada, entorpeciendo el crecimiento y diversificación de la industria. Así, se entrampa el desarrollo sujeto a economías de escala –a las cuales solo grandes alianzas pueden acceder- y ventajas absolutas de costo –las cuales suben los costos unitarios para pequeños participantes. Por el momento, las alianzas no están reguladas, por lo que son ellas mismas las que hacen las reglas del campo de juegos. Las navieras que no logran encontrar un compañero de negocios quedan prácticamente excluidas de la industria.
Esta dinámica da pie a la colusión entre las compañías, estableciendo reglas según la información de que disponen. Esto también ha impulsado el monopsonio de las alianzas, convirtiéndolas en el único cliente de los astilleros de grandes buques.
Y, ¿qué pasa con los clientes? Tienen poco de donde escoger. ¿Y los usuarios finales? Se deben adecuar a los tiempos de espera, costos fluctuantes y un negocio donde lo que importa no es el beneficio final del comprador, sino la supervivencia del gigante.
Fuente: Mundo Marítimo

 

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